Gabo se fue con el diluvio
La mayoría de nosotros no tiene idea de dónde está Aracataca; muchos sospecharán que se trata de un rito de los indígenas andinos, o un mítico lago perdido en la Puna. Sin embargo, de ese pequeño pueblo situado a unos 80 km. al sur de Santa Marta, en el norte de Colombia, salió un día un genio que nos iba a pertenecer a todos los latinoamericanos.
Había estado desaparecido durante los últimos años, tal vez haciendo honor a la estrategia que él mismo había planteado: “El secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad”, escribió alguna vez.
Gabriel García Márquez se fue a reposar a su celestial Macondo, y quienes llevamos en el corazón las imágenes de aquel inusual pueblo que soportara un aguacero de cuatro años, habitado por mágicos y a la vez sencillos personajes, ya lo extrañamos.
Para evocarlo nos vamos a remitir a otro de sus geniales planteos, y revertirlo. “La peor forma de extrañar a alguien”, dijo, “es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener”. García Márquez se fue; sin embargo, vaya curiosidad, aunque ya no esté, siempre lo podremos tener aquí a nuestro lado. Buen viaje, maestro.
No está todo bien, Mauricio
Éste, en cambio, nunca fue un genio, aunque su cuna y los negocios de su padre lo llevaron a la jefatura de Gobierno de una de las ciudades más importantes del mundo. Entendiendo el contexto, últimamente no son muchas las credenciales que se requieren para el puesto. Solo pensar en que Carlos Grosso, quien alguna vez se justificó diciendo que “me elijen por mi capacidad, no por mi prontuario”, ocupó ese mismo puesto, vale para justificar el punto. Sin embargo, Mauricio, representante de la nueva vieja derecha argentina, no se conforma con haber llegado adonde llegó y va por más. Mauricio sueña con ser el presidente de todos los argentinos. Y aquí debemos usar la misma lógica que empleamos unas líneas más arriba: si hacemos una lista mental con los nombres de los últimos presidentes argentinos (y ni que hablar de aquellos que usurparon el poder décadas atrás), deberemos conceder que su idea no es tan desopilante como suena en un principio.
Pero, estimados lectores, no queremos hoy hacer un análisis de su gobierno o ni siquiera de sus cualidades como empresario o político. Sabrán ustedes disculpar la disgresión previa. Hoy no lo citamos a Mauricio Macri por alguna medida de gobierno o para discutir sus posibilidades presidenciales. Lo nombramos luego de que, en uno de esos tantos momentos en los que políticos sin gracia como él se quieren hacer los “cancheros”, los desacartonados, meten la pata hasta el fondo del balde. Lo que dijo Macri lo citamos como “La Frase del Mes” en la sección “Se dijo en Abril”, por lo que no la repetiremos aquí. Nomás vamos a decir, Mauricio, que hay que ser muy pelotudo para jugar el papel de reo e interpretar el sentimiento de las mujeres, sobre todo porque no sos ni reo ni mujer. Tus votantes no te quieren por reo; te valoran porque venís del ámbito privado, de “cuna de oro”, o porque consideran, con razón o no, que podés manejar el país como si fuera una empresa o un club de fútbol. Pero si algún remoto y extraño día salís a caminar con tu hija sin media docena de guardaespaldas alrededor, y un guarango de los miles con los que te vas a cruzar le acerca la cara a ella y le larga una grosería sobre sus senos o su trasero, vas a ver que no está “todo bien”. Pensalo, Mauricio. ¤