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Leyenda: Las Aguas del Bermejo

bermejo

Hubo un tiempo en que las aguas del río Bermejo fueron claras como las de sus vecinos, los ríos Pilcomayo y Uruguay. Un tiempo en que a sus orillas no se asomaban, como hoy, las casas de los pueblos formoseños, ni eran surcadas por las embarcaciones de los argentinos descendientes de europeos.

Las tierras que recorría el Bermejo eran disputadas por dos tribus enemigas: los tobas y los matacos. Unos y otros atrapaban los peces de su cauce, se sumergían en su frescura en las tardes calurosas, deslizaban las canoas por su corriente y se sentaban a sus orillas en las noches de luna.
 Dibujo: Angelo Calamera  La mayor afrenta que sufrieron los tobas durante esa larga guerra fue la captura de la hija del cacique, una joven hermosa y decidida, que pasó de vivir en sus chozas a las de los matacos. Aunque extrañaba a los suyos, poco a poco sus captores se le hicieron menos extraños, sobre todo desde que conoció al hijo del cacique y comenzaron a pasar largas horas juntos. Se enamoraron mientras conversaban a la sombra de un urunday, mientras nadaban en el río, mientras caminaban en silencio siguiendo al ciervo de los pantanos... Pero sus relaciones eran imperdonables. La unión entre una toba y un mataco estaba prohibida por los hombres y maldita por los dioses. Cuando el consejo de la tribu dio órdenes estrictas para prohibir los encuentros entre los jóvenes, ellos establecieron citas secretas y se amaron más todavía a la sombra de su sigilo.
   Sin embargo, no estuvieron a salvo de las habladurías, de los comentarios a media voz que deslizaban las viejas cuando se sentaban en rueda a tejer su yicas y a moler las semillas del algarrobo. Tampoco de las miradas de alguno que los había sorprendido al entrar en el monte tras un armadillo fugitivo o para recoger los frutos del jume.
   Y llegó el día en que, reunido nuevamente el consejo de la tribu, debieron comparecer ante él. Los jefes, que ya habían deliberado, los miraban en silencio. Los corazones de los jóvenes se aceleraron ante esos rostros severos e imperturbables. El cacique habló con voz suave y firme. Era preciso que todos respetaran las tradiciones de la tribu, con más razón tratándose del heredero de la autoridad: se les exigía la separación inmediata y definitiva.
   Ante la decidida oposición de los jóvenes príncipes, que se sabían unidos alma con alma y cuerpo con cuerpo, el consejo emitió el fallo final: los amantes serían sacrificados, se les arrancarían los corazones y éstos serían arrojados al río, como lección y advertencia para quienes se atrevieran a contrariar las leyes de los hombres y las disposiciones divinas.
   El sol del mediodía brillaba en lo alto del cielo mientras la tribu se reunía para presenciar la ejecución. Si algo de viento agitó las ramas de los arbustos, si las cigarras cantaban su canción filosa y monocorde, si el río dejó oír su rumor, nadie lo supo cuando los jóvenes fueron llevados a lo alto del barranco y muertos por el haiawú (hechicero de la tribu), cuando el agua aceptó sus corazones sangrantes y se tiñó de rojo para siempre.
   Cumplido el sacrificio, a los pocos días, la gente se acercó al barranco por un rumor: los corazones no habían sido arrastrados por la corriente; flotaban juntos exactamente en el mismo lugar en el que habían caído.
   ¿Era acaso que los dioses no estaban conformes con el fallo? ¿Sobrevendrían entonces pestes, sequías y escasez? Los jefes acordaron sacar los corazones del agua y convertirlos en cenizas, para que no quedara rastro de ese amor que había desconocido la tradición.
   Todos los matacos formaron la gran pira, no hubo nadie que contrariara a los dioses. Los corazones ardían al compás de los pimpines (tambor mataco), abrasados por el fuego que, cada vez más alto, ahuyentaba los mosquitos e iluminaba los cuerpos de los bailarines.
   Días después, cuando un enviado volvió al lugar para comprobar que las cenizas hubieran sido dispersadas por el viento, vio con asombro cercano al terror que donde estuviera la pira había crecido un arbolito desconocido. Entre sus verdes hojas mostraba dos únicas flores rojas, una al lado de la otra, en forma de corazón.
   A la sombra del letanetá, como llamaron los matacos a la nueva planta, y mecida por las aguas del río que encontró su nombre, nació entonces la amistad entre los tobas y matacos, que todavía luchan en el monte para sobrevivir.¤

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De acuerdo a los resultados de las últimas elecciones legislativas celebradas en Argentina, ¿considera que el peronismo irá desapareciendo en los próximos años?
  • El mes de septiembre 2017 en cifras

    Sonda espacial Cassini

    20 Como conclusión de una histórica misión de 20 años, la sonda espacial Cassini se desintegró en la atmósfera de Saturno, luego de estudiar el planeta durante 13 años. La sonda fue lanzada en 1997 y tardó 7 años en llegar a destino. Leer más...

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Perfiles Nuestra Gente

  • Guillermo Bordarampé

    Guillermo BordarampéLugar de residencia:
    Los Angeles, California

    Háblenos de su negocio / profesión:
    Hace años que me dedico a un par de cosas relacionadas con la música: en mi estudio Del Mate Productions, y con INCA, the Peruvian Ensemble. También produje varios espectáculos en el John Anson Ford Amphitheatre,  y tuve el honor de producir el concierto por el 40 aniversario de Inti-Illimani. Hice un par de CDs: “Último Mate” y “Espacios” con mi amigo de las épocas de Arco Iris, Ara Tokatlian, y ahora estamos trabajando en otro álbum nuevo.

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  • María Entraigues-Abramson

    MariaLugar de residencia:
    Los Angeles.
     
    Profesión:
    Soy cantante, compositora, actriz y comunicadora científica. Me inicié como actriz en el programa Supermingo con Juan Carlos Altavista. A los 17 años comencé a cantar con Alejandro Lerner, estuve de gira con él por cuatro años y grabé en tres de sus discos. Poco tiempo después me mudé a Boston a estudiar a Berklee College of Music con una beca.

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De Nuestra Comunidad

  • Homenaje a Osvaldo Roval

    Homenaje a Osvaldo Roval

    ¡Qué noche, de esas que no se olvidan! Así fue la del pasado 14 de octubre en la Asociación Argentina de Los Angeles (AALA) en donde se le dio un merecido tributo a un gran artista y cantor, y, sobre todo, amigo. ¿Qué digo amigo? ¡Amigazo!  De esos que no se empardan. Un tipo de que cuando se menciona a su nombre, todos dicen, “¡Qué tipazo!” y “¡Qué cantor es Osvaldo Roval!”

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  • Talento argentino en el sur de California

    Cristian junto al ex intendente de la ciudad de Downey, Mario Guerra, en la galeria de arte Stay

    Sí, amigos de El Suplemento, hoy quiero presentarles a este amigo argentino muy talentoso llamado Cristian Castro, quien nació en Lomas de Zamora, Provincia de Buenos Aires. Desde muy temprana edad comenzó a dar qué hablar por su ingenio e imaginación, a tal punto que a los 11 años, cuando cursaba el séptimo grado, diseñó una maqueta para una competencia de jóvenes talentos. Ganó esa competencia y sus compañeros del grado lo convirtieron en ídolo, ya que el premio mayor de esta competencia era un viaje de vacaciones para todo el grado.

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Recetas

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    Pizza de polenta

    Ingredientes
    (8 comensales)
    ½ Kg de polenta de cocción rápida
    2,5 litros de agua
    Sal gruesa c/n

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    empanadas

    Este es un post especial de Navidad para El Suplemento. Con las fiestas casi encima, con poco tiempo para organizar y mucha nostalgia en el corazón, me pareció una buena idea traer a la mesa un plato muy típico argentino, que se suele comer durante todo el año. Cualquier ocasión es la excusa para reunirse y compartir unas ricas Empanadas.

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Leyendas

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    Leyenda: El fin de los humahuacas

    Hace mucho, mucho tiempo, los indios humahuacas vivían sin privaciones en las tierras de su quebrada. Dicen que éstas eran tan verdes y fértiles como lo es hoy la pampa, y que en sus terrazas crecía el maíz como crece la hiedra a la sombra de los árboles. Como no era tan duro el trabajo, y su fruto abundante, los dueños de esa tierra podían compartir la paz y la alegría que les enviaba la Pachamama en fiestas interminables. Y dicen también que las cosas habrían seguido así para siempre si no hubiera sido por la envidia de los calchaquíes, la codicia de los diaguitas y la belleza de Zumac. Leer más...  

  • Leyenda: El Camalote

    El Camalote por Angelo Calamera

    Dicen que antes, en el Río Paraná, no existían los camalotes. Que la tierra era tierra, el agua, agua y las islas, islas. Antes, cuando no habían llegado los españoles y en las orillas del río vivían los guaraníes.

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