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Nos tendremos que acostumbrar

NessMeses atrás, León Arslanián (Ministro de Seguridad Bonaerense) decía públicamente que “debíamos acostumbrarnos a convivir con la violencia”. Más allá que algunos interpretaran esas declaraciones como un sinceramiento, es realmente lamentable y desnuda la falta de capacidad de quienes nos “cuidan”, o simplemente es una forma de tomarle el pelo al contribuyente/ciudadano/sufriente argentino.
Siguiendo con el razonamiento del ministro, podemos deducir que tendremos que acostumbrarnos a los resultados de todas las cosas mal hechas en la República Argentina; y en esto sí coincido con que es un sinceramiento, del tipo: “Miren ciudadanos, a los gobernantes de este país nos tiene sin cuidado el sufrimiento del pueblo, nosotros llegamos al poder para nuestro beneficio personal, y no a buscar el bien común; así que: acostúmbrense a que esto es así y a que nadie intentará mejorarlo”.
Y por eso suceden cosas como la del boliche Cromañón. Esta tragedia nos demuestra a las claras cómo es la Argentina de hoy en día. Pasó en un boliche como podía haber pasado en un teatro, en una terminal de ferrocarril o en un estadio de fútbol; porque todo se hace mal, todo sin conciencia, total ¿qué va a pasar?..., nunca pasa nada..., hasta el día que pasa y entonces todos nos rasgamos las vestiduras y comienza la caza de brujas, la búsqueda de culpables, pero eso sí, nunca viendo la culpa propia.
Ahora nos encontramos con que del gobierno se montó todo un circo en base a esto, entonces se pone mucho más duro que antes, pero esto demuestra que no existe prevención. Se busca al dueño del boliche, al que tiró la bengala, al que puso el candado en la puerta de emergencia, etc. Para empezar a entender y repartir culpas tenemos que partir de una premisa que esta tragedia deja en firme, y es la siguiente: “LA ARGENTINA FUNCIONA ASI”.
Una vez que comprendamos esto, podremos hacer un análisis del por qué.
1- Culpa del poder político
Si nos preguntamos: ¿de qué son culpables los políticos en la tragedia de Cromañón?, encontraremos un montón de cosas en el debe del sector político. Haciendo un poco de memoria, nos remitimos a la disco Kheyvis hace once años: un incendio, 17 muertos, la puertas de seguridad trabadas, planos mal habilitados, sospechas de coimas, marchas y actos. Al día de hoy no encontraron culpables.
Nuestros políticos no aprenden o no les importa, porque de qué sirve ahora hacer todo un operativo espectacular si en unos meses nadie se va acordar de nada, y se van a volver a cometer las mismas corruptelas.
Seguramente para habilitar Cromañón a un político de tercer o cuarta categoría le habrán dado algunos miles de dólares de coima. Al estado capitalino esta tragedia le va a costar varios cientos de millones de dólares, pero qué importa si total ellos nunca van a poner la plata, todo esto saldrá del bolsillo del contribuyente.
Autorización para operar, seguridad, salubridad e higiene, todas son cosas de la que se debe encargar el estado, delegarlas en el empresario que opera el negocio es un suicidio que no ocurre en ninguna parte del mundo civilizado.
Si los bomberos son los encargados de controlar la seguridad, las puertas de escape y los materiales del lugar y esa inspección se encuentra vencida y el lugar sigue operando, entonces hay alguien que no hizo bien las cosas en la dependencia oficial. Debería ser automático: se vence un permiso y se procede a realizar la inspección. Y no como se escuchó que los dueños del boliche no autorizaron la inspección, o que nunca estaban para proceder a hacerla. En ese mismo momento se clausura el lugar. No se puede creer que haya lugares que funcionen con autorizaciones vencidas.
Las leyes que no se cumplen o las leyes que no están escritas, las leyes que deberían prohibir el ingreso de menores a estos lugares, donde hay como mínimo tabaco y alcohol, por no decir también drogas, si hubiera leyes de este tipo no se contarían entre los muertos bebes de meses, niños entre 2 y 12 años y muchos adolescentes, que sumaron entre todos un 34% de las víctimas fatales que eran menores de 18 años.
¿No existen impedimentos legales para entrar bengalas y elementos de pirotecnia a lugares cerrados?, ¿los que las fabrican están autorizados?, ¿puede manejar cualquiera una bengala? Esto no es nuevo, hace veinte años, en un partido de Boca y Racing, un espectador murió por una bengala que tiró otro; en un partido de River, un fotógrafo chileno perdió un ojo por una bengala. La Argentina es un país cíclico, cada vez que hay una tragedia se habla de lo mismo hasta que pasa el tiempo y nadie recuerda nada, hasta una nueva tragedia, y nunca desde la clase gobernante se va a utilizar la prevención.
Por último desde el gobierno central se impuso, ante la crisis política, el nombramiento de “Juanjo” Alvarez como ministro de seguridad en nuestra ciudad capital, premio para alguien que ya tuvo a cargo la seguridad nacional (cuando era presidente Duhalde) y la seguridad de la Provincia de Buenos Aires (con el gobernador Solá) fracasando en esos dos cargos como demuestra el crecimiento de la inseguridad en nuestro país, demostrando que al poder político, le siguen importando los acomodos y no tratar de solucionar los problemas.
2- Culpa del empresario Chabán:
Mas allá que el estado deba estar para regular el funcionamiento de estos lugares, los empresarios, y en este caso el Sr. Chabán, no pueden desatender sus responsabilidades, y estas son: que si su negocio tiene que ver con la atención masiva de público, debe velar por la seguridad del mismo. Se trata de una cuestión de conciencia, que va más allá de las leyes y el peculio; uno es responsable del bienestar de miles de personas
Si las instalaciones están autorizadas para que ingresen mil trescientas personas y hay tres mil, si ocurre una tragedia UD. Sr. empresario, es culpable, porque no es lo mismo vaciar el establecimiento con 1.300 personas que con 3.000.
Si su establecimiento debe funcionar con puertas de emergencia, y esas puertas están selladas, entonces UD. es culpable.
Si UD. debe proteger su establecimiento con materiales que no sean inflamables y no lo hace porque sale muy caro: UD. es culpable.
Si UD. ya tuvo un principio de incendio en su establecimiento (la semana anterior) y no pone seguridad privada que impida entrar a la gente con elementos de pirotecnia: UD. es culpable.
Si UD. advierte a la gente de los peligros de tirar bengalas y no le hacen caso, y de todas formas da inicio al show: UD. es culpable.
3- Culpas compartidas:
El 7 de mayo del 2004 la defensoría del pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, presentó al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires un informe donde detallaba que el 86% de los lugares bailables habilitados en la Capital Federal no cuentan con las prevenciones de seguridad obligatorias contra incendios. Y que se estaba poniendo en riesgo la vida de más de 400.000 jóvenes por el incumplimiento y/o violación a las normas de seguridad contra incendios (ordenanza 50.250). Conocido este informe es como decir Cromañón o “Crónica de una muerte anunciada”.
Luego de ver las culpas de las instituciones, me gustaría dedicarme a las culpas de la sociedad o de la gente, como quieran llamarlo.
4- Culpa de la sociedad
La tragedia de Once dejó en evidencia el descontrol de los más jóvenes, si se tiene en cuenta lo dicho por testigos con respecto a que se advirtió en varias oportunidades el riesgo de incendio, y la reacción de algunos jóvenes fue aún peor.
Sin lugar a duda en todas las épocas los adolescentes y jóvenes conformaron una subcultura especial, pero nunca fue tan desquiciada como en estos momentos: alcohol, drogas, estimulantes, todo vale con tal de “pertenecer” a vaya a saber qué. Llegar a límites a veces con una violencia inusitada.
Todo esto porque hay una generación de padres que hoy cuentan con hijos adolescentes y que nunca han sabido poner límites, que han querido ser más amigos que padres, que han trastocado los valores; y nos encontramos con gran cantidad de jóvenes que no saben dónde esta su límite, por eso vemos hijos que golpean y desautorizan a sus padres, madres de entre 13 y 17 años, escenas de violencia con armas de fuego o armas blancas en varios colegios, o matanzas entre patotas a la salida de los boliches.
Uno escucha a familiares de víctimas y sobrevivientes, y después de compartir el dolor de esa persona, se da cuenta del error de muchos,... como una madre que decía que su hijo de “13 años” había ido con unos amigos a Cromañón, y que lo daba por muerto y luego lo encontró (lo habían ayudado gente de un lavadero cercano). Esta señora y su hijo fueron afortunados, pero la pregunta es: ¿qué hacía un chico de 13 años en un boliche? Y en base a este ejemplo me remito a todos aquellos padres de bebes y niños que fueron con sus criaturas al lugar ¿qué estaba pasando por sus cabezas? Hay lugares donde los niños no deben estar, y si no podemos dejarlos con alguien, no se va. Sean responsables de sus hijos, un hijo no es soplar y hacer botellas, seamos responsables de nuestros hijos, sepamos decir que no, sepamos poner límites, aunque sea más difícil, aunque tengamos que ser los malos de la película.
Nuestros hijos son nuestra responsabilidad, no la deleguemos.
Tiempo atrás, en Miramar, a una chica de quince años la violaron y la mataron, los últimos testigos que la vieron con vida relataron que a las ocho de la mañana la vieron caminando borracha tambaleándose. Los padres salieron a pedir justicia. Por más doloroso que parezca, los primeros que deberían haber ido presos son los padres, por abandono de persona, porque ¿qué hacía una chica de quince años sola y borracha a las ocho de la mañana luego de deambular por diferentes boliches?
¿Por qué apurarnos en tirar a la calle a nuestros hijos?, ¿por qué querer que los tiempos corran más rápido?, ¿por qué no esperar al crecimiento correspondiente?
Por otro lado, en Cromañón no sólo había adolescentes, había gente mayor. ¿Qué pasó por la cabeza de un adulto que ve que en un lugar cerrado tiran bengalas, y no se va? ¿Qué pasa por la cabeza del dueño de un boliche que alerta a la gente sobre las consecuencias de sus actos y no suspende el recital? ¿Qué pasa por la cabeza de los músicos, cuando corren riesgo de vida -y así fue que varios de ellos perdieron familiares en la tragedia- y empiezan igual el recital? Y por último, ¿qué pasa por los miembros de un gobierno que son alertados de las posibilidades de tragedia y no toman cartas en el asunto?
La tragedia de Cromañón podría haberse evitado, hay muchos indicios que lo muestran así, pero la Argentina funciona así, un poco atada con alambre; porque mientras la sociedad no tome conciencia del deterioro moral que ha habido en nuestro país, los empresarios no apuesten a ganar dinero sorteando las leyes, y nuestros gobernantes no hagan cumplir las normas vigentes y no se ocupen de prevenir, vendrán otros Cromañones en la historia argentina.
Nos tendremos que acostumbrar.... Ø

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Jorge E. Rabaso

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