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La vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser

Tapa junio 2007“Si arrastré por este mundo, la vergüenza de haber sido, y el dolor de ya no ser, bajo el ala del sombrero, cuántas veces embozada, una lágrima asomada, yo no pude contener”.

Cuesta Abajo, el nombre y la primera estrofa del famoso tango se me vinieron a la cabeza una y otra vez desde que empecé a analizar la política y en particular nuestra historia, siempre buscando explicaciones para nuestra debacle.
En los gloriosos pasados noventa y nueve números de El Suplemento, traté de volcar mi opinión, mis inquietudes, mis certezas y mis conjeturas sobre algo que nos atañe a todos los argentinos: el por qué de nuestra realidad.
La política no debería dividir, sino juntar - aunque con diferentes ideas - en vista de un bien común. Las frases “de política no quiero hablar” o “la política, como la religión, es para discusión”, no las comparto. Esa postura lleva al vacío, a la liviandad, a hacerle el juego a los corruptos políticos, ya que cuanto menos la gente se interesa por estos temas y más por la pavada, mejor para ellos.
Se ha propiciado desde los órganos de poder, no sólo de Argentina sino también del mundo entero, que los medios muestren lo superficial e intrascendente como importante, para dispersar las mentes con lo banal. La información, hoy en día, se basa en lo que hacen los ricos y/o famosos, futbolistas, vedettes o políticos – o las diversas combinaciones de estos elementos -, pero no en discutir los temas importantes de nuestro país. La actualidad, como toda construcción, depende de sus constructores: los que van y la deciden cada día. La actualidad sigue determinadas reglas: que sea fácil de consumir, que muestre blancos y negros bien marcados, que no requiera grandes reflexiones, que impacte, que emocione a bajo precio, que no cuestione cierto orden, que se venda.
En El Suplemento nos gustaría decir que todo está bien, pero les estaríamos mintiendo. ¿Somos pesimistas? No, pero no nos gusta engañar a nadie.
Nacimos en abril del 2000; son más de ocho años, un montón en la vida de una revista, pero un minúsculo puntito en la vida de una nación. Sin embargo, desde que El Suplemento salió a las calles de California, en nuestro país pasaron cosas que en otro llevarían muchísimos más años.
La realidad supera a la ficción, dicen algunos, sobre todo en nuestro país. En estos ocho años, en Argentina hubo siete presidentes, pasamos de la convertibilidad al default, del boom de lo importado al compre nacional… y de todo esto hablamos en la revista.
Tapa julio 2002Por cuestiones de edad, mi relación con la política y la historia de nuestro país comenzó a principios de la década del 80, especialmente con el fin del Proceso Militar y las elecciones del 83. Una de las primeras cosas que me llamó la atención fue la historia política argentina del Siglo 20. Así es que en el número de noviembre del 2003, la nota: “Argentina y la teoría de la involución”, se basaba fundamentalmente en tratar de explicar y hasta explicarme por qué, con un futuro tan promisorio como el que teníamos a principios del siglo pasado, terminamos en el estancamiento actual.
En septiembre del 2006, me hacía una pregunta bien Argentina: ¿Qué nos pasa, che? Y decía: “Es por todos sabido, e incluso vastos estudios lo demuestran, que estando más o menos bien la economía, poco importa la realidad de la vida cotidiana: corrupción, violencia, desocupación y otras yerbas son totalmente ignoradas por la mayoría del pueblo, salvo cuando alguna cosa les toca de cerca y ahí y sólo ahí, pasará cualquier tema a ser importante. Preocuparnos por aquellos males que históricamente hicieron fracasar cualquier tipo de plan económico que en un principio parecía que iba a funcionar es ignorado totalmente, hablar de reformas necesarias en la política para que haya menos corrupción, menos delitos o lo que sea, serán ignorados. Las voces que se levantan serán acalladas con epítetos de todo tenor porque el que lo advierte pasa a ser un contra o un fracasado o vaya a saber qué”.
Y quizá la respuesta se encuentre en no haber prestado atención (a su tiempo) a la corrupción alarmante, a las mentiras de nuestros políticos y hasta al autoritarismo de por qué estamos como estamos... y generalizo la pregunta diciendo: ¿Qué nos pasó, che?
Nos pasó el huracán de la mentira, del cual hablamos largo y tendido en nuestra revista de Agosto del 2003, en un artículo titulado “Mentiras verdaderas o verdades mentirosas”, o en “La historia sin fin” del número de mayo del 2008.
Nos pasó la corrupción y contamos varios hechos actuales e históricos como el del monumento a la corrupción, Yacyretá, que vio la luz en julio del 2005 y editorializábamos: “El mote se lo puso Carlos Saúl Menem quien es, en sí mismo, un monumento viviente a la corrupción”. Lamentablemente, esta frase es perfecta para describir una vez más las “obras” edificadas sobre la corruptela. Sin embargo, esta vez no estamos solos, pues en esta violación a la confianza del pueblo, nos acompañan nuestros hermanos paraguayos. Dicen que para que haya corrupción se necesitan dos partes interesadas; en el caso de Yacyretá hubo mucho más que dos”. Sobre la corrupción también se habló en “Valijas voladoras” (enero 2008) y “Cuestión de valores” (febrero 2008) y “Hacete amigo de Néstor” (marzo 2008).
Y nos pasó también el autoritarismo en todas sus versiones, autoritarismo que estuvo presente principalmente en los golpes de estado, pero también en algunos gobiernos democráticos. Así lo expuse en el número 45 de diciembre del 2003 en la nota “Se viene la caza de brujas” y en “Censuras y faltas de respeto a la sociedad” de junio del 2004.
La esperanza es lo último que se pierde, y todos tuvimos la esperanza de un porvenir mejor cuando volvió la democracia en 1983. Pasaron 25 años de ese momento y la desazón se apodera de nosotros. En la nota “Que veinte años no es nada” de enero del 2004, decía: “Luego de veinte años de democracia y viendo lo que han sido todos los políticos que nos gobernaron y los militares anteriores a ellos, podemos decir que no hay diferencias sustanciales entre unos y otros, salvo la censurable e imperdonable matanza y desaparición de personas, ocurrida a manos de los segundos. Si analizamos la política, la economía y lo social, nos daremos cuenta de que los únicos beneficiarios son las corruptas corporaciones políticas, porque la gente común no creo que vea la diferencia”. También se tocó el tema en el “Sueño argentino” en el número de octubre 2007, donde confrontábamos las esperanzas del 83 con las realidades del 2007. Y llegamos a nuestros días en que un mal manejado conflicto lleva a la pérdida de otra esperanza. Luego de 100 días de estupidez por el conflicto con el campo, la realidad parece estar dándonos la razón: Estado ausente. Gobierno debilitado. Funcionarios y líderes hipócritas, entrenados para la mentira. Gobernadores e intendentes alquilados, preparados para la traición. Economía bombardeada. Oposición impotente. País paralizado, partido en dos, fragmentado. Antes de los últimos 100 días de anarquía política, económica y social, la Argentina no era el paraíso que pintaba un gobierno negador, pero tampoco vivía la trágica realidad que sufre hoy sin atinar a nada. Hace 100 días había que encarar algunos “retoques”. Néstor Kirchner tenía que dejar gobernar a su esposa. Los funcionarios debían abandonar esa utopía de “quedarse con todo”, incluso con las empresas y los negocios de los demás. Había que aflojar con el manejo descontrolado de la caja. Y aceptar la necesidad de emprender sencillas correcciones en la macroeconomía para parar la inflación y dejar de espantar a los inversores. Eran los reclamos que se le hacían al matrimonio presidencial. Sólo eso se le pedía. Tanto y tan poco.
Sobre este tema, en abril del 2008, titulamos “El conflicto menos pensado” y decíamos: “No contentos con la aplicación de desmesuradas retenciones al campo y no queriendo siquiera discutir esa implementación, el Gobierno y sus simpatizantes generaron un conflicto sin precedentes con el campo al utilizar en su artillería oral frases como ‘oligarquía vacuna’, ‘reyes de la soja’, ‘terratenientes’, ‘burguesía del interior’, ‘piqueteros de 4x4’, ‘piquetes de la abundancia’ e insistió con la idea rectora: ‘La huelga es contra los argentinos’, dicho con la intención de que el campo dejara de lado el paro, y todo esto amenizado por la salida a las calles de impresentables grupos de choque”.
También tocamos el tema en junio del 2008 en el número 99 de El Suplemento, en la nota “Una auténtica dicotomía argentina”.
Un sabor agridulce me envuelve el alma: por un lado, la alegría de haber llegado con El Suplemento al Número 100, y por otro lado, la tristeza de ver nuevamente a nuestro país partido. Queda la esperanza de que para el Número 200 de El Suplemento en la Argentina hayamos aprendido de nuestros errores y veamos una luz al final del túnel. ©

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Tras el cierre de las listas de candidatos para las próximas elecciones legislativas de Argentina, ¿a quién votaría hoy?
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Tapa # 208

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