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LA ENTREVISTA DEL MES: Miguel A. San Martín

Miguel A. San MartínIngeniero Aeroespacial de JPL - NASA
“Los seres humanos tenemos inquietud por explorar lugares inhóspitos”

Miguel San Martín, como cualquiera de nosotros, nunca llegó ni llegará a Marte; no verá la Tierra desde distancias en las que el planeta se ve nomás como una bolita azul perdida en medio del oscuro espacio, sus pies no caminarán por los inciertos terrenos de mundos lejanos, ni podrá por sí mismo recoger muestras de los minerales que forman la estructura de alguna luna de nombre mitológico. Sin embargo, él mismo lo admite de entrada: lo que siempre soñó no fue estar allí, sino más bien enviar a “sus hijas”, las naves espaciales, a que vean por él. San Martín, argentino con apellido de prócer, es uno de los ingenieros que trabaja para la NASA desde el Jet Propulsion Laboratory (JPL) de California dirigiendo naves al espacio.
Parte de nuestra entrevista suena como el potencial argumento de una obra de ciencia ficción al estilo de los viejos cuentos de Bradbury, en los que los protagonistas observan con nostalgia la redondeada silueta de la Tierra desde alguna meseta marciana, o desde los bordes de un cráter de la Luna. Pero en tiempos en los que ya se vislumbra la total degradación del planeta en un futuro no tan lejano, muchos comienzan a especular sobre las posibilidades reales del eventual exilio, o a imaginarse cómo será el viaje a miles de kilómetros por hora que los depositará en tal o cual estación espacial o en este o aquel planeta distante, oscuro y frío.
A decir verdad, nada hacer prever hoy que debamos abandonar nuestro planeta en un futuro cercano. Lo estamos haciendo pelota, es cierto, pero bastaría con tomar las medidas necesarias para revertir o paliar los más serios problemas que lo afectan como para que esta roca que habitamos siga tirando por un buen rato más. Pero la exploración del espacio no sólo ayuda a entender al menos una ínfima parte del Universo del que formamos parte, a ponernos en contexto, a encontrar vestigios de vida en tierras increíblemente lejanas, sino que además comienza de a poco a aportar datos que permitan soñar con una alternativa por si hay que rajar de acá antes de lo pensado.

¿Usted era uno de los tantos que de chico soñaba con ser astronauta?
No necesariamente astronauta, yo quería diseñar las naves, porque ya de chico me gustaba la ingeniería. Yo crecí en la época del proyecto Apollo, el Viking, y cuando veía los cohetes ya sabía que quería ser ingeniero espacial. Por entonces leía sobre el tema, y cuando siendo aún chico me enteré de JPL y del Proyecto Viking, que fue el primer aterrizaje exitoso de los Estados Unidos, ahí me dije que eso era lo que quería hacer.
Cuéntenos cómo comenzó su carrera profesional.
Bueno, después de terminar el secundario en Argentina me vine a estudiar ingeniería electrónica en la Universidad Syracuse, de Nueva York, y después hice el Master en Ingeniería Aeroespacial en el MIT (Massachusetts Institute of Technology). De allí me contrataron en JPL, que era el lugar en el que quería trabajar desde chico y éste es el único trabajo que he tenido.
Nunca tuve muy en claro si JPL es un ente del Gobierno federal o un laboratorio independiente...
JPL es un laboratorio de la NASA operado por la Universidad de Caltech (California Institute of Technology), el único laboratorio de la NASA en el que la gente que trabaja allí no son empleados federales. Nosotros no trabajamos para el Gobierno sino para Caltech, que tiene un contrato con el Gobierno. Todo lo que hacemos es para la NASA, aunque los fondos vienen de Caltech.
¿Cuáles son los proyectos más importantes en los que participó para la agencia espacial?
Mi primer trabajo, cuando yo llegué allí a fines de los 80, fue con el Proyecto Cassini, una nave que en estos momentos está aún alrededor de Saturno en una misión muy ambiciosa y de mucha envergadura. Pero yo recién empezaba y me encargué del diseño del sistema de determinación de la orientación de la nave espacial, que es calcular a través de la posición del Sol y las estrellas cómo se orienta la nave espacial. En ese momento, el jefe de la NASA quería comenzar a hacer misiones más baratas, lanzar más misiones pero de menor costo. Él las llamaba: “Faster, better and cheaper”, ya que las misiones como las del Cassini llevaban ocho años de desarrollo, costaban más de mil millones de dólares, y encima se corría el riego de que la nave espacial se pierda. Entre las primeras misiones que se hacen con esa nueva filosofía, que en realidad es la filosofía antigua que se había perdido, estaba la del Mars Pathfinder, ¿se acuerda?
¿La del Sojourner?
Claro, la del vehículo robótico Sojourner. Ahí me contratan como ingeniero principal para la parte de guiado y control de la nave. Esta era una misión barata para los estándares del momento, ya que costó unos 250 millones de dólares. La última vez que se había aterrizado exitosamente en Marte había sido con el Viking, así que teníamos un presupuesto muy bajo y con alto riesgo. Ahora, el trabajo que yo había hecho con el Cassini, si bien había sido un buen inicio, era un proyecto muy grande y muy compartimentalizado, digamos. Me sentía más como una parte en la línea de ensamblado y por eso no me dejó muy satisfecho...
Con el Pathfinder se sintió como más protagonista, era algo más personal...
Sí, con el Pathfinder me encuentro de golpe con que esto era exactamente lo que yo quería hacer cuando me vine a estudiar a los Estados Unidos con gran sacrificio, y fue una gran satisfacción personal, porque me toca participar en toda la vida del proyecto, desde su comienzo al final. Y encima la cuestión funciona muy bien, a pesar del bajo presupuesto.
¿Cómo afectaron entonces al programa espacial los fracasos de las misiones del ’99?
Bueno, los fracasos del Mars Climate Orbiter y el Mars Polar Lander, que así se llamaban, generaron más presión en los siguientes proyectos. Uno falló por problemas de conversión de unidades y en el otro falló el sistema de descenso. Fueron misiones para las que se contrató a la industria privada, yo no participé de ellas, y cuando fracasan, el laboratorio se encuentra con que la próxima oportunidad para regresar a Marte era en el 2001 y ya no teníamos tiempo de crear una nueva nave. Dado que la única nave disponible en ese momento era idéntica a la que falló, la NASA no se quiso jugar con ese proyecto. Así que se decidió regresar a Marte recién en el 2003 con la Spirit y la Oportunity, para las que me asignaron las mismas responsabilidades que tuve en la misión del Pathfinder.
¿Se puede saber en qué están trabajando en la actualidad?
El proyecto en el que trabajamos actualmente se llama Mars Science Laboratory; se trata del primer vehículo robótico desde el Pathfinder y el Spirit.
¿Cuándo se va a lanzar?
La “ventana de oportunidad” para el lanzamiento comienza en agosto del año que viene y llegaría a Marte unos diez meses después.
Me preguntaba cuál es el objetivo principal de las misiones espaciales, porque más allá del avance del conocimiento científico, siempre está presente el tema de lo estratégico- militar, pensando en una futura guerra de las galaxias...
No, la NASA comenzó como una agencia civil de los Estados Unidos y lo sigue siendo. La Fuerza Aérea tiene su propio programa espacial, obviamente con funciones militares, pero la NASA fue originalmente creada para la exploración científica del espacio y la educación.
Pero sin embargo siempre queda la impresión de que cierto conocimiento espacial se sigue de cerca desde otros ámbitos que no son estrictamente científicos y educativos...
Bueno, no cabe la menor duda de que la NASA se fundó también como respuesta al desafío soviético. Fue una carrera espacial. Pero desde el primer día, el principal propósito fue realizar descubrimientos científicos.
El hecho de que la Unión Soviética pusiera en órbita y con éxito el Sputnik ¿fue una espina en el orgullo del proyecto espacial estadounidense?
El Sputnik fue un gran logro de la ingeniería espacial soviética, pero en realidad era nada más que un aparato con una batería y un trasmisor que hacía “bip-bip”. La respuesta de los Estados Unidos al Sputnik fue el Explorer I, que se hizo aquí en el laboratorio, y en su primer viaje descubre los Cinturones de Radiación de Van Allen, que fue el primer descubrimiento científico espacial realizado desde un cohete. Así que fijate que ya la primera misión fue estrictamente científica.
Ahora, usted y otros ingenieros forman parte de todo lo que tiene que ver con hacer llegar las naves a destino, pero ¿quién determina los objetivos de las misiones y todo lo que tiene que ver con el aspecto científico?
Estos proyectos se dividen en ciencia y en ingeniería: el científico es el que dice “quiero ir a Marte a determinar si hubo vida, a entender su geología, su clima, etcétera”. Los ingenieros tenemos que diseñar la nave espacial para que ellos puedan lograr sus objetivos científicos. De esa manera, ellos son nuestros “clientes”. Por ejemplo, para esta próxima misión a Marte, la NASA ha planteado ciertos objetivos que nosotros estamos obligados a cumplir, como aterrizar un vehículo robótico de cierto tamaño, que tenga la capacidad para mantener al menos por dos años a todo el instrumental científico, que pueda trasladarse por una determinada distancia, etc. En el caso del programa espacial de Marte, el principal objetivo es determinar si hubo o hay vida en el planeta.
Todo lleva a pensar que, al menos como objetivo a largo plazo, también se estudian las condiciones para una eventual colonización del planeta, aunque hoy esto parezca pura ciencia ficción...
Sí, justamente la misión actual, la del Mars Science Laboratory, tiene como uno de sus objetivos el medir la radiación en la superficie de Marte como para algún día poder mandar allí a seres humanos, y en un futuro muy lejano poder colonizar el planeta. Pero ya empezamos a movernos con esos objetivos a muy largo plazo.
Al respecto, tengo entendido que la Misión Cassini confirmó que dos de las lunas de Saturno son potencialmente habitables para los seres humanos: una es Titán y no recuerdo ahora el nombre de la otra... ¿No cree usted que, al menos al ritmo que vamos, necesitaremos evacuar el planeta mucho antes de que los viajes espaciales de tal envergadura y tan masivos sean posibles de realizar?
Probablemente vos sigas esas novedades más de cerca que yo, porque últimamente yo me la he pasado muy enfrascado en este proyecto actual, que resultó ser de una envergadura mucho mayor de lo que pensábamos en un primer momento. Ahora, digamos que los logros científicos necesarios para colonizar la Luna o Marte, hoy son de la misma envergadura y tienen la misma posibilidad de éxito que los necesarios para resolver los problemas climatológicos, de polución y de energía que tenemos acá en la tierra. Yo creo que como seres humanos tenemos una cierta inquietud para explorar lugares inhóspitos; antes eran los polos o las cumbres del Everest, y eso en la mayoría de los casos resulta en avances de la humanidad que nos benefician a todos. Lo importante es darle para adelante y que salga lo que salga. Lo que sabemos con certeza es que si no hacemos nada, nunca se va a arreglar nada.
Pero también sabemos con certeza que, aunque falten unos 2 mil millones de años, el Sol irremediablemente se va a extinguir y como consecuencia la vida en el sistema solar va a ser imposible, si bien lo más probable es que la Tierra como planeta habitable desaparezca mucho antes. Por eso, aunque hoy por hoy se trate de una mera especulación, me gustaría saber ¿cuáles son las condiciones mínimas que deben existir para pensar en un determinado planeta o en alguna de sus lunas como probable destino de la humanidad una vez que la vida en la Tierra ya no sea posible?
Hay cosas básicas; en la Luna, por ejemplo, ahora se cree que hay depósitos de agua en los polos, debido a los cometas que se han incrustado allí, porque se cree que los cometas llevan algo así como “copos de nieve”. Así que necesitamos agua para vivir. Pero además, a través de la hidrólisis se puede producir hidrógeno, separarlo del oxígeno del agua y crear energía para subsistir e incluso usar como combustible para las naves espaciales. De hecho, ya se hacen investigaciones para utilizar los minerales de la Luna para hacer combustible para viajar. Cuando se llegó a la Luna en los años ’60, el cohete tuvo que llevar el combustible para el regreso, cosa que es extremadamente ineficiente. Por eso ya se piensa en crear una “estación de servicio” en Marte, para lo que habría que mandar robots de antemano para que hicieran el combustible allí antes de que lleguen los seres humanos.
¿Es Marte, entonces, la alternativa más viable hasta donde hoy se conoce?
Bueno, la Luna queda bastante más cerca y con este descubrimiento de que aparentemente hay agua en los polos, hace que sea una buena alternativa como para considerarla al menos una parada a mitad de camino, aunque esto es bastante controversial, ya que en la comunidad espacial no hay un acuerdo sobre si es mejor ir a Marte de manera directa o si es mejor primero colonizar la Luna y después aventurarnos hacia Marte.
Ya que hablamos de misiones tripuladas, se me viene a la mente aquella otra catástrofe que fue la del Trasbordador Columbia, que seguramente habrá causado unos cuantos replanteamientos a la hora de mandar gente al espacio...
Sí, la destrucción del Columbia le pegó muy duro a nuestro programa espacial, y como resultado se hizo un replaneamiento de la parte tripulada. Los nuevos objetivos fueron reemplazar al Space Shuttle por una nave más parecida a la Apollo, una cápsula que aterrice con paracaídas. El Space Shuttle era no sólo extremadamente caro, sino que además era extremadamente peligroso, ya que si algo sale mal es muy difícil poder salvar a los astronautas en ese tipo de vehículos. La nueva nave espacial se llama Orion, y estaría volando por primera vez en el 2014. El objetivo final es el regreso a la luna, cosa que la NASA planea hacer para el año 2020.
Dejando de lado las naves y entrando más concretamente en lo que se refiere al Universo en sí ¿Existe hoy alguna teoría aceptada por la comunidad científica internacional que ponga en duda la del Big Bang y proponga otras causas sobre el origen del Universo?
Ahí me estás metiendo en un tema sobre el cual no soy un experto...
Pero seguramente lo conoce al menos al nivel que nos interesa aquí...
Sí, aunque más que nada como hobby; yo soy ingeniero, no soy físico. Te diría que la Teoría del Big Bang es una teoría aceptada, aunque tiene sus problemas, como lo de la “materia negra”. Vos sabés que luego del Big Bang, el Universo se empieza a expandir, y hoy resulta que hay materia que aparentemente esta ahí, pero en realidad no está, no se la encuentra. Este es uno de los agujeros de esta teoría, que se tiene que resolver, pero que de ninguna manera indica que la teoría no es correcta. Hay que seguir trabajando sobre esto.
Ahora que menciona lo de la expansión del Universo, hay algo que nunca pude comprender: si en aquella “punta de alfiler” de energía súper concentrada que en cierto momento produjo el Big Bang se generó no sólo la materia, sino también lo que podemos pensar como “vacío”, el espacio en sí, o sea que el espacio ya estaba contenido en aquel grano de energía inicial ¿sobre qué se expande el universo si no es sobre espacio vacío?
Esa una cuestión muy abstracta; hoy estábamos probando unos radares en el desierto de California y uno de mis compañeros de trabajo es un físico, así que justamente estábamos charlando sobre estos temas. A mí, honestamente, estas teorías se me hacen de un nivel de abstracción tal que si uno no está en el tema, es como si le hablaran en chino. Yo me limito a mis problemas de navegación y control, que es lo que mi pequeño cerebro puede alcanzar...
Pero es fascinante al menos pensarlo, ¿no?
¡Ah, sí! A mí me fascina, pero a la vez me frustra no poder tener un entendimiento más visceral del tema. Yo en mi área de trabajo tengo una intuición que me permite visualizar ciertos temas, pero visualizar seis o siete dimensiones, por ejemplo, me cuesta mucho. Cuando me dicen que a partir del Big Bang se generó la materia, la energía, el espacio y el tiempo, me pregunto: “¿Y eso que significa? Así que como respuesta a tu pregunta inicial, te diría: Yo me hago la misma pregunta.
En un área en donde uno constantemente se encuentra con datos, imágenes, anécdotas muy por fuera de lo común, ¿Qué fue lo que más lo sorprendió, lo que encontró más fascinante durante todos sus años de trabajo con JPL?
Digamos que es aquello que trata con el descenso de las naves a Marte, lo que llamamos “los seis minutos de terror”, porque en seis minutos la nave tiene que pasar de los 20 mil kilómetros por hora en los que viene viajando, a cero, totalmente de forma automática y sin la posibilidad de haber podido ensayarlo en la Tierra. Luego de mucho trabajo llega el día de la verdad, nosotros estamos en el salón de control y a esa altura ya no podemos hacer nada, estamos entregados al destino y esperando no haber cometido ningún error previo. Vivir esos minutos y después recibir la señal desde Marte y ver la primera foto es una gran satisfacción. ©

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Jorge E. Rabaso

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