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La Entrevista del Mes: César Luis Menotti

La Entrevista del Mes: César Luis Menotti "¿Desde cuándo para jugar al fútbol hay que correr?"
Había debutado apenas cinco años atrás; esa tarde, Boca jugaba de local y no la estaba pasando demasiado bien, por lo que ya habían comenzado a bajar las primeras puteadas desde la tribuna. Preocupado, su compañero Antonio Rattín le dice al pasar: “Corré, Flaco, que nos van a matar a todos”. El Flaco, haciendo un alto a su andar cansino, aunque sin dejar de pensar, le contestó con la frase que seleccionamos para el título de este reportaje.
A César Luis Menotti se lo reconoce como un tipo de “ideas”. Y no es que ningún otro profesional del fútbol no las tenga, pero sucede que él siempre tuvo una inusual facilidad para expresarlas. Entre todas esas frases menottísticas que hoy forman parte de la cultura futbolera local, siempre rescaté esa en la que aseguraba que aquel que no tiene una clara idea de lo que está buscando, nunca va a encontrar nada. No es que sea particularmente brillante, ni mucho menos indiscutible; pero me parece que sirve hoy para resumir su trabajo como futbolista y sobre todo como técnico.

Los papeles dicen que nació un 5 de noviembre de 1938 en esa cancha de fútbol que es la ciudad de Rosario, y luego de pasar por los clubes barriales de rigor ingresó a Central. Se sabe que durante su carrera pasó fugazmente además por Racing y Boca, aunque para muchos será una curiosidad saber que Menotti jugó para los Generals de Nueva York, durante aquella primera etapa experimental del fútbol de liga en los Estados Unidos. Entre su debut en Rosario y su despedida del fútbol en el Juventus de Brasil pasaron apenas nueve años. Sin dudas, Menotti no hubiese quedado en la historia del balompié local a no ser por su carrera como director técnico, dentro de la cual llevó al Huracán del ’73 a ganar su primer y único campeonato argentino y a la Selección Nacional a levantar la primera de sus dos copas mundiales.
Parece mentira, pero se acaban de cumplir 30 años de aquel primer campeonato del mundo ganado por una selección argentina. Entre tantos nombres gloriosos, como los de Kempes, Bertoni, Passarella, Ardiles y Fillol, la crónica deportiva destaca hoy, más que ningún otro, al de Jorge Rafael Videla. A tres décadas de aquella “gesta deportiva sin igual”, quisimos hablar con uno de sus más grandes protagonistas, rescatar el esfuerzo de los jugadores, poner aquel gran triunfo en perspectiva y analizar su significado, aunque no pudimos ni quisimos evitar poner el Mundial ’78 dentro del contexto en el que se desarrolló.

Teniendo en cuenta que hasta ese momento la historia futbolística argentina a nivel internacional era bastante pobre ¿se imaginaba en un principio que aquella Selección del ‘78 podía llegar a la final del Mundial?
Yo creo que teníamos un grupo de futbolistas comprometidos con una idea y a mí me parecía un equipo invencible, porque habíamos trabajado lo suficiente como para aspirar al título y lo habíamos demostrado en los partidos previos contra equipos difíciles. Pero el fútbol, como cualquier otra acción estratégica, necesita del azar; a los campeones la suerte los tiene que acompañar, y creo que ganamos con mucha justicia.
¿Cuándo sintió que Argentina se iba a quedar con la Copa?
Yo sabía que éramos competitivos, pero no sabía si le podíamos ganar a Holanda, porque ese era un equipo increíble. Si uno analiza sus jugadores, creo que aun sin Cruyff era un gran equipo, y con él ya era un robo. Tenían jugadores como Rensenbrink, Neeskens, Rep, los Van der Kerkhof... era la Naranja Mecánica sin el flaco Cruyff. No era fácil, pero sabíamos que les íbamos a jugar de igual a igual.
Más allá de haber sido un equipo “competitivo”, como dice ¿Cómo definiría hoy a aquella Selección del 78?
Éramos un grupo de gente que soñaba con ganar el Mundial y que hizo todos los esfuerzos para lograrlo. La sociedad, en parte, a veces no ha sido muy justa con algunos de aquellos futbolistas, como es el caso de Kempes, por ejemplo, que debería hoy estar en la historia más grande de nuestro fútbol, a la altura de Maradona.
¿Qué repercusión cree que tuvo para el jugador argentino el hecho de que aquel equipo haya ganado la primera Copa Mundial para nuestro país?
Yo creo que dejamos establecidas dos cosas: en primer lugar, la importancia de la representatividad de la Selección Argentina, y después el enfoque en tareas serias y claras a través de la preparación y el hecho de que una selección nacional pueda trabajar en los tiempos que corresponde, cosa que ahora se perdió porque los negocios se comieron los tiempos del fútbol. Nuestra ilusión era que la Selección no sufriera lo que había sufrido hasta entonces: yo había jugado en una selección argentina y en un año tuve cinco entrenadores... Nos juntábamos a entrenar un jueves para jugar un partido el domingo y listo, ese era todo el entrenamiento que teníamos. Todas estas cosas fueron las que me movieron a estructurar una planificación diferente.
Me imagino que tanto a usted como a los jugadores les dará bronca que se minimice el logro deportivo ubicando siempre al Mundial 78 dentro del contexto político en el que se desarrolló. Como que resulta difícil separar ambas cosas...
Yo creo que esa es una manera cómoda que tienen algunos sectores del periodismo hegemónico de no hacer un análisis profundo y evitar meterse con un montón de personajes que aún hoy siguen estando y que fueron colaboradores directos de la dictadura. Pero tampoco nadie dice que los únicos dos tipos conocidos en la Argentina que firmaron la primera solicitada de las Madres de Plaza de Mayo fuimos Borges y yo. Eso no lo dice nadie. Me parece que verlo desde ese punto de vista es minimizar una historia que se debería estudiar en profundidad, así los jóvenes aprenden sobre el valor de la democracia y la realidad de la dictadura, sino vamos a terminar diciendo que si la selección de Bolivia comienza a ganar partidos se le van a solucionar todos los problemas a Evo Morales.
Sin embargo, la verdad es que sería interesante saber ¿cómo se vivía la dictadura militar, en su época más feroz y represiva, desde una posición tan peculiar como la suya?
Lo primero que hay que hacer es separar las obligaciones laborales: yo era un contratado por la Asociación de Fútbol Argentino y trabajaba en mi profesión, así como los periodistas trabajaban en la suya y el campesino recogía su cosecha... son dos cosas diferentes. El deporte en general siempre ha sido utilizado por los poderes políticos, desde la época de los romanos, y lo siguen haciendo, tanto gobiernos democráticos como dictaduras. Cuando aparece un campeón enseguida es recibido por el presidente de la república, sobre todo en países como los nuestros. Pero hay dos memorias: una es la que nos marca lugares y fechas, y otra es la memoria política, que es la que no se analiza, porque evidentemente la complicidad que hubo con la dictadura militar también estaba ligada a los poderes económicos, sindicales, etcétera. De pronto, aquellos sectores que habían sido cómplices con la dictadura son los mismos poderes de hoy. Por eso, para los sectores mediáticos es mucho más fácil relacionar al fútbol con la dictadura, cuando ni siquiera nos planteamos entender qué significa un golpe de estado. Quién lo hace, quién lo apoya y por qué se hace.
No es difícil suponer que en circunstancias como aquella debieron existir presiones desde el poder político ¿Usted personalmente o los jugadores en general se sintieron presionados, más allá de lo profesional, por ganar el Mundial 78?
No, no, nunca recibí presiones de nadie, ni las aceptaría. Mi vida ha sido siempre de militancia política, de decir lo que pienso, y además a mí no me contrataron los militares, sino los presidentes de los clubes, y uno de aquellos dirigentes es el actual presidente de la AFA. La organización del fútbol nunca tuvo nada que ver con ningún gobierno; todos sabemos que las asociaciones de fútbol se manejan directamente con la FIFA. Yo me peleaba con los presidentes de los clubes porque eran los que no me querían dar a los jugadores, no con la dictadura militar que nunca intervino en la Selección, más allá de la organización y la economía de lo que fue el Mundial.
¿Alguna vez pasó por su mente la idea de que ganando el Mundial se podría consolidar un poco la dictadura, o al menos que la dictadura esperaba el triunfo para sacar rédito político?
¡No! ¡Eso sería minimizar las luchas populares! Sería lo mismo que decir ahora que gracias a que ganamos el campeonato del mundo la gente salió a la calle cuando había toque de queda y no podían juntarse más de cuatro personas. Sin embargo, en todo el país se desbordaron las plazas y aparecieron las banderas argentinas. Los golpes y las revoluciones no las hacen los futbolistas, ni los poetas, ni los artistas... La dictadura se sostuvo hasta que el pueblo comenzó a organizarse y a salir de todos los lugares más representativos para pedir la reinstalación de la democracia. De la misma manera, no creo que nosotros hubiésemos echado a la dictadura quedando afuera en la primera ronda.
Dejando de lado el Mundial ’78 y entrando un poco en lo que se refiere a su concepción futbolística, usted ha negado la existencia del menottismo, así como Bilardo niega la existencia del bilardismo; de todas maneras, aún hoy muchos siguen analizando el fútbol argentino desde esta perspectiva... ¿Cómo explica usted la disyuntiva Menotti-Bilardo? ¿De qué se habla cuando se habla de “menottismo”?
Las diferencias están marcadas en el fútbol, y el fútbol no tiene verdades absolutas. Sí tiene complicidad con los poderes y mentiras evidentes, que es lo que separa a los hombres: los cómplices de las grandes mentiras y los que tratan de denunciarlas. Y esto está más ligado a las estructuras políticas del fútbol y a la complacencia de algunos con los poderes que lo manejan, que con el hecho de si se juega con tres, cuatro o cinco defensores, porque en ese aspecto el fútbol no tiene verdades absolutas. Yo no me puedo enojar con (Favio) Capello porque juegue con tres volantes de contención ni me enojo con (Carlos) Griguol porque él también jugaba así: al contrario, tengo una excelente relación con él.
Entiendo, pero le preguntaba más bien si a nivel técnico existe una manera “menottista” de concebir el fútbol...
Mirá, yo no sé... Hay entrenadores que tenemos que prepararnos para encontrar la forma de proveerle al jugador al que educamos con una estrategia para el aprendizaje. Hay entrenadores que entrenan y otros que enseñan. Yo me identifico con los entrenadores que quieren enseñar. Además, como en todo arte, ya sea la música, la pintura o la literatura, las cosas se hacen bien o se hacen mal. Para entender qué es jugar bien hay que prepararse. Yo no me atrevería a opinar sobre pintura, porque apenas soy un simple espectador. Por lo tanto, en el mundo del fútbol se dicen un montón de estupideces que asombran, sobre todo cuando la dicen los entrenadores. Por ejemplo, hace poco escuché decir que “ganar te da tres puntos, y jugar bien sin ganar, no”. Esto es como hablar de fisiología y decir que “para vivir hay que respirar”. Esta mediocridad de análisis es sorprendente. El fútbol tiene temas como para descifrar quién juega bien y quién juega mal.
De acuerdo a esta definición: ¿Existe en la actualidad algún equipo menottista, o al menos un equipo con el cual usted se identifique?
Sí, el Arsenal inglés. Para mí es el equipo más comprometido con una idea, un equipo que dentro de un mercado en donde se gastan millones de dólares ha apostado a jugadores jóvenes, que cuando llegan al Arsenal se transforman en grandes figuras... Me parece que es el equipo que mejor juega y el que más me gusta a mí.
Usted plantea rescatar la belleza del juego, pero si nos remitimos a los hechos, encontramos que Italia salió campeón del mundo jugando tan “feo” como siempre; River salió campeón en el pasado campeonato argentino jugando mal casi todo el campeonato; en España pasó lo mismo con el Real Madrid el año pasado... y el caso más paradigmático es quizás el de la Selección del ‘90 que dirigió Bilardo, que llegó a la final del Mundial jugando “mal” todos los partidos a excepción quizás del que disputó contra Italia... Todo esto parece indicar que se puede jugar mal, se puede jugar feo y aún así ganar campeonatos...
¡Lo que pasa es que todos los demás también juegan mal! Una cosa es tener el potencial de individualidades que tiene River y otra cosa el potencial de individualidades que tiene Arsenal de Sarandí... Entonces, claro, aun con el equipo jugando mal, se destacan las individualidades. Brasil, en el Mundial de Estados Unidos, ganó jugando mal, pero tenía a Romario, tenía a Bebeto... Entonces, cuando un equipo juega mal pero tiene grandes jugadores vive a expensas de esos jugadores. Ahora, ese equipo nunca será una gran orquesta. Nadie se acuerda del Brasil campeón de ’94, todos se acuerdan del Brasil campeón del ’70.
¿Esto que dice podría aplicarse a la Selección Argentina de hoy, que tiene buenas individualidades pero que a nivel colectivo es un desastre?
Seguramente; cuando esta Selección descubra la idea de la eficacia y se desarrolle la partitura con cada músico estando en el lugar que le corresponde, la orquesta va a sonar bien. Toda orquesta debe tener integrantes comprometidos con lo que es el sonido colectivo; después se destacarán los grandes solistas. Ahora, si cada músico quiere destacarse como solista, la orquesta va a sonar desafinada.
A pesar de que siguen saliendo jugadores que están considerados entre los mejores del mundo, la última gran victoria argentina a nivel internacional fue hace ya más de dos décadas. ¿Cuál es su evaluación al respecto? ¿Cómo es que el fútbol argentino está en crisis a pesar de generar tantos buenos jugadores?
En primer lugar, porque “grandes” jugadores no hemos tenido. Nosotros no hemos tenido el futbolista que tuvo Brasil en la buena etapa de Ronaldo, o en la de Romario, por ejemplo. Nosotros tenemos grandes proyectos de futbolistas que se van demasiado jóvenes cuando aún están en la etapa de aprendizaje; en Europa siguen siendo buenos jugadores, pero nunca logran marcar la gran diferencia entre un gran proyecto y un gran jugador. Ahí está el caso de Aimar, o el de Saviola, que se fueron de acá en la época de crecimiento y no llegaron a transformarse en la figura que fue Ronaldo, por ejemplo. El último Ronaldo que tuvimos en Argentina se llamó Maradona. Uno de los chicos que pareciera que podría llegar a ser grande es Aguero, siempre que no le pase lo que a Ronaldinho, que hace dos años era el rey del fútbol y hace unos meses parecía que no tenía club en donde jugar...
¿Cree que se debería reglamentar la venta de chicos menores de edad a los clubes extranjeros?
No, eso es imposible. Hoy ni esperan a que los vendan, se van aduciendo lo de la patria potestad y qué sé yo cuantas cosas raras... Lo que pasa es que dentro de la estructura del fútbol argentino los chicos viven en una incertidumbre permanente, por eso lo primero que se debería hacer es promover un debate dentro de la estructura del fútbol de cada país...
¿El Estado no debería tener ingerencia sobre los manejos de la AFA?
En Argentina, el fútbol y el Estado están viviendo una situación tan distante que ni siquiera se ponen de acuerdo para solucionar el tema de la seguridad, así que fijate qué esperanzas tenemos de que el Estado algún día se ponga a trabajar para organizar la estructura del fútbol. Y no hablo de un estado intervencionista, sino participativo, atento a los grandes negociados... ¿Cómo puede ser que el fútbol argentino produce lo que produce, vende lo que vende, y el 90% de los clubes están fundidos? En parte sucede gracias a la complicidad del Ministerio de Justicia que jamás investiga nada en las sociedades sin fines de lucro. Estas cosas hay que vigilarlas, porque los clubes son entidades sin fines de lucro que le pertenecen a la gente, los hicieron grandes dirigentes honestos y no le pertenecen a una sociedad anónima que tiene el derecho a hacer lo que quiera. Eso terminó fundiendo a la mayoría de los clubes argentinos.
Para reencaminar todo habría entonces que desbandar a una gran organización de representantes, intermediarios e incluso dirigentes de clubes que forman parte del negocio, por no mencionar a algún que otro sector del periodismo deportivo... Es decir, habría que poner el fútbol argentino patas para arriba, cosa que nadie parece estar dispuesto a hacer...
Bueno, yo vengo planteando desde el año 1978 que en el fútbol debe darse un debate serio en el que participen economistas, psicólogos, médicos deportólogos, entrenadores, etc., para ver qué lugar ocupa el fútbol en nuestra sociedad. En Argentina, el fútbol es un hecho cultural muy importante y profundo como para estar en manos de cualquiera. A través de su historia, los clubes han podido resolver cosas de la sociedad que no ha podido resolver el Estado, porque los clubes ofrecen tenis, natación, básquet, tienen escuelas... se han hecho cosas muy importantes como para que nadie se ocupe de ayudarlo cuando hay una crisis y castigar a los dirigentes cuando haga falta.
Parece entonces que para rescatar dirigentes honestos y capaces hay que mirar muy para atrás...
Los grandes dirigentes del fútbol argentino fueron todos los fundadores de los clubes... por ahí algunos se beneficiaban por la publicidad que les daba su posición, como Armando, que en Boca nunca se robó ni una camiseta y quizás usaba a Boca para vender más coches, porque los hinchas del club preferían comprarle los coches a él...
Una inocentada, comparado con lo de ahora...
Ahora es muy distinto, hay grandes negocios. Pero los estadios que tenemos hoy los han hecho los viejos dirigentes y quedaron como los dejaron ellos. Los que vinieron después lo único que hicieron fue destruir todo lo que se había construido; algunas canchas arreglaron, pero hoy la mayoría de los estadios están como cuando jugaba yo.
¿Alguna esperanza dentro de los actuales dirigentes?
No conozco a ningún dirigente que haya presentado un proyecto para mejorar el fútbol; es mucho más fácil echarle toda la culpa a Julio Grondona mientras todos los demás no dicen nada ni elaboran nada, a excepción de Raúl Gámez (ex presidente de Vélez), que salió hace poco a luchar contra esta realidad que se vive.
Con esta perspectiva me imagino que muchas ganas de volver a trabajar como director técnico no le quedarán...
No, por ahora no. Estoy trabajando en un libro y la verdad es que me tendría que seducir mucho el proyecto para volver a entrenar. Hacerlo en el país prácticamente lo tengo descartado, porque no me interesa dirigir en un fútbol que vive como vive, pero tampoco descarto nada. ©


Menotti Dixit
“No es fácil disentir con el poder, porque cuando uno disiente se lo acusa de terrorista”

"De un jugador de fútbol se puede hacer un atleta, pero de un atleta no se puede hacer un jugador de fútbol”

“Messi es un jugador brillante en los últimos quince metros de la cancha; un buen jugador a 20 metros del arco; un regular jugador a 30 metros y un mal jugador a los 40 metros. Entonces, para ser Cruyff o Maradona, tendrá que mejorar varios aspectos”

“El futuro del fútbol es su pasado: la técnica, el dominio del balón, el toque, los movimientos colectivos, la solidaridad con los compañeros... Ahí está la belleza del juego y ahí hay que buscarla”


 

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