>
quinn

Save

Save

Save

Leyenda: El fin de los humahuacas

Hace mucho, mucho tiempo, los indios humahuacas vivían sin privaciones en las tierras de su quebrada. Dicen que éstas eran tan verdes y fértiles como lo es hoy la pampa, y que en sus terrazas crecía el maíz como crece la hiedra a la sombra de los árboles. Como no era tan duro el trabajo, y su fruto abundante, los dueños de esa tierra podían compartir la paz y la alegría que les enviaba la Pachamama en fiestas interminables. Y dicen también que las cosas habrían seguido así para siempre si no hubiera sido por la envidia de los calchaquíes, la codicia de los diaguitas y la belleza de Zumac.

Leyenda diaguita: La Ch'aya y el Pujllay

“La Chaya”, una variante del carnaval para algunos, el origen del carnaval para otros, es la semblanza a nuestra querida “Pachamama” y el agradecimiento por los frutos cosechados de ella. Se trata de una cultura muy arraigada en nuestro pueblo que viene desde siglos heredada de las raíces incas y diaguitas que habitaron esta zona en antaño.

Leyenda toba: El algodón

Cuenta la leyenda que en lejanos tiempos, en el Gran Chaco, los indios eran felices, y no se conocían las estaciones, porque no había cambios de clima, ni fenómenos atmosféricos.
   En esa armonía y felicidad los indígenas brindaban todos sus tributos a Naktánoón (el bien). Esta actitud puso furioso a Nahuet Cagüen (el Mal) que vivía en las tinieblas, que para vengarse y calmar su ira creó a Nomaga (el invierno).

Pueblos originarios: Los Comechingones

Comechingón es la denominación vulgar con la cual se alude a una antigua etnia originaria de la República Argentina que a la llegada de los realistas españoles en el siglo XVI habitaba las Sierras Pampeanas de las actuales provincias de Córdoba y San Luis. Los comechingones se autodenominaban hênîa (al norte) y kâmîare (al sur); estos eran los dos grupos principales subdivididos en aproximadamente una decena de parcialidades.  

Radio Tantanakuy

tel:18663121294
© 2003 El Suplemento. All Rights Reserved. Designed By Pablo Garriga